En toda relación de pareja, es habitual encontrarse con momentos de desajuste. Uno de los más comunes, y a menudo más difíciles de gestionar, es cuando una persona desea tener más relaciones sexuales que la otra.
Este desequilibrio no siempre responde a falta de amor, atracción o compromiso, sino que puede estar relacionado con múltiples factores físicos, emocionales o incluso contextuales.
En este texto abordamos con profundidad este tema, ofreciendo herramientas prácticas y una mirada empática para que ambos miembros de la pareja puedan comprenderse mejor y encontrar puntos de encuentro sin culpa ni presión.
Entender que el deseo no es constante ni simétrico
Lo primero que hay que comprender es que el deseo sexual es variable. Fluctúa con el tiempo, con el estado emocional, el estrés, la salud, los cambios hormonales, los acontecimientos vitales, entre muchos otros factores. No existe una “frecuencia sexual ideal» que sirva de referencia universal.
Es completamente normal que, dentro de una pareja, no exista una sincronía perfecta en cuanto al apetito sexual. Pretender que ambas parejas tengan las mismas ganas, al mismo tiempo y con la misma intensidad, es poco realista.
¿Qué hacer si tú quieres más sexo que tu pareja?
Si eres tú quien siente que desea más sexo que tu pareja, es importante que no te culpes, pero tampoco caigas en reproches. Aquí van algunos consejos clave:
1. Habla sin presión, sin acusar
El primer paso es hablarlo. Pero hablar desde la vulnerabilidad y la empatía, no desde el juicio o la frustración. Puedes decir, por ejemplo:
“Últimamente siento que tengo más ganas de tener intimidad que tú, y no sé cómo gestionarlo. Me gustaría que lo habláramos juntos”.
Evita frases como “Nunca quieres” o “Ya no te atraigo”, porque generan resistencia. El objetivo es abrir un espacio de diálogo sincero, no una confrontación.
2. Explora otras formas de conexión
El sexo no tiene qué ser unicamente penetrativo ni seguir una patrón determinado. A veces, ampliar la definición de intimidad puede ayudar a reconectar sin presión: masajes, caricias largas, besos prolongados, baños juntos, etc. Estas expresiones físicas pueden reavivar el deseo y crear puentes.
3. Cuida tu propia autoestima
En estos casos, es fácil pensar que si la otra persona no quiere tanto sexo como tú, es porque ya no te desea o no te encuentra atractivo/a. Esto no tiene por qué ser cierto. Muchas veces el deseo disminuye por factores externos (estrés, fatiga, preocupaciones, medicamentos, etc.) y no tiene que ver contigo.
¿Y si eres tú quien tiene menos deseo sexual?
Por otro lado, si sientes que tu pareja desea más sexo que tú, es fundamental que también puedas comunicarte desde un lugar honesto y libre de culpa. El deseo sexual no es una obligación ni una medida de amor.
1. Sé claro/a con tus emociones
Explica qué está pasando por tu cuerpo y mente. Puede que estés cansado/a, con el deseo inhibido, en una fase emocional complicada…También puede que algo en la relación necesite revisarse.
Lo importante es que tu pareja sepa que no se trata de un rechazo personal, sino de algo que necesita espacio y compresión.
2. Evita “cumplir” sin ganas
Muchas personas, por complacer o evitar conflictos, terminan accediendo a tener relaciones sexuales sin deseo real. Esto, a la larga, puede generar resentimiento, desconexión y una peor relación con el propio cuerpo.
En lugar de fingir o forzarte, es mejor proponer alternativas: muestras de cariño, juegos eróticos suaves, espacios para reconectar sin exigencias.
3. Revisa posibles causas físicas o emocionales
Una baja líbido puede estar relacionada:
- Estrés crónico
- Trastornos del sueño
- Cambios hormonales
- Depresión o ansiedad
- Efectos secundarios de medicamentos
- Insatisfacción en la relación
Si notas un cambio repentino o sostenido en tu deseo, puede ser útil consultar con un profesional (médico o terapeuta sexual).
Buscar soluciones en conjunto: el deseo es cosa de dos
La clave está en no convertir este desequilibrio en una lucha de poder o en un emotivo distanciamiento. En lugar de etiquetarse como “el que quiere mucho” o “el que quiere poco”, lo ideal es construir una narrativa compartida: “Estamos atravesando una diferencia en el deseo y queremos encontrar cómo gestionarla juntos”. Algunas ideas que pueden funcionar:
- Terapia de pareja o sexología: contar con un espacio guiado donde ambos puedan expresar sus necesidades y emociones puede desbloquear el conflicto.
- Redefinir la intimidad: dejar de poner el foco solo en la frecuencia y empezar a valorar la calidad del encuentro sexual.
- Explorar nuevas formas de deseo: cambiar rutinas, jugar con la fantasía, leer juntos relatos eróticos, ver contenido estimulante o simplemente redescubrirse desde otra perspectiva.
¿El sexo puede negociarse?
Sí, pero con matices. El deseo no puede imponerse, pero sí se pueden establecer acuerdos conscientes y afectivos. Por ejemplo:
- Reservar un espacio de intimidad semanal que no tenga que acabar necesariamente en sexo, pero sí permita el encuentro erótico o afectivo.
- Acuerdos sobre la masturbación individual y la no exclusividad en algunos casos (esto dependerá de los límites de cada pareja).
- Alternar iniciativas: que no siempre uno tenga que proponer o esperar que el otro tome la iniciativa.
Amor y deseo no siempre van a la par
Es importante recordar que el amor no siempre se traduce en deseo constante. A veces queremos mucho a alguien, pero nuestro cuerpo y mente no están alineados con la frecuencia que la otra persona espera.
La clave está en la honestidad emocional, la empatía y la creatividad para reencontrarse sexualmente sin culpas ni obligaciones. Reconocer la diferencia de deseo no significa que la relación esté rota, sino que hay que aprender a gestionarla desde la madurez y el compromiso.
Desde Sala Luxx sabemos que con paciencia, diálogo y respeto, muchas parejas consiguen transformar un problema en una oportunidad para crecer en conexión y complicidad.



